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41 días (en proceso)
Un día el cáncer toco la puerta de la habitación de mi madre, sin darnos cuenta, invadió cada rincón de su cuerpo. A través de mi mirada, me sumergí en los cambios físicos que esculpen la existencia, así como las sutiles trasmutaciones que tejen la complejidad de nuestros vínculos.
Cada imagen es un testimonio de mi proceso de conciencia, una búsqueda para comprender la danza eterna entre el cuerpo en evolución y el alma en constante transformación. A medida que la luz se filtra, se revelan los matices de la experiencia, desde las cicatrices hasta los destellos de resiliencia que iluminan mi camino hasta poder decirle Adiós.
Cuarenta y un días atravesando la belleza efímera de la muerte.
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